martes, agosto 17, 2004

Sesión golfa

Pedí mi billete, pero preferí no sentarme y quedarme de pie en la fila de butacas. Allí estaban todos.

La pijilla libertina mantenida por sus amantes que buscaba algo de afecto de manera enfermiza y ahora lloraba abrazando la almohada aún caliente.
El aislado social que descargaba su rencor contra aquellos que eran lo que él quería ser y que no podía dormir cuando le asaltaba la culpabilidad.
El triunfador egoísta que aplastaba a sus allegados pero que había sido maldecido con unas gotas de conciencia.
La hiperactiva mentirosa compulsiva que acumulaba cuentos hasta que su propia realidad se desdibujaba y que tumbada en la cama buscaba nuevas coartadas.
El sonriente y brumoso muchacho de ojos soñadores que escondía en su interior un alma negra y perversa y que pasaba las noches fantaseando con la muerte violenta de un conductor que le había adelantado el día anterior.
El apático joven de autoestima inexistente que siempre encontraba alguien a quién culpar de sus errores, que gastaba las horas comenzando y abandonando mil proyectos.
La mujer que veía cómo su vida caía en pedazos a su alrededor y que, tirada encima de las sábanas y tumbada junto a un desconocido con el que llevaba quince años conviviendo, se daba cuenta de que no tenía absolutamente nada.
El anciano del que todo el vecindario se sorprendía cuando encontraban tres cadáveres de quinceañeras enterrados en su jardín -parecía tan normal- enterrando a la cuarta y silbando una cancion de Disney.

Personajes de una película insomne que era proyectada noche tras noche en algún lugar del mundo.

¿Y para qué dormir, pensaban algunos? Los estudios demuestran que las pesadillas son más comunes que los sueños eróticos. Y que de ellas se tarda más en despertar.



Hoy me siento...
Hoy suena a... Los Planetas - Super 8



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