martes, febrero 15, 2005

Amaneceres simultáneos

Clac. Clac. Clac. Clac. Clac.

Silencio.

Sara musitó una maldición mientras la grapadora industrial caía de sus manos ateridas, chocaba contra la teja, resbalaba cómicamente por el tejado y desaparecía tras la cornisa.

Cloc.

Mierda.

¿Cuántos años tenía? ¿Diez? ¿Qué había pasado allí, en ese pequeño jardincito junto a la casa de los abuelos? Sara lloraba. Su hermano se reía a carcajadas con la boca pero sus ojos no podían ocultarle a la niña el terrible arrepentimiento que se escondía tras la risa.

Aprovechando el momento para descansar, Sara miró a su alrededor, a las montañas lejanas, a las peñas cercanas, a la carretera junto al pueblo. Pirineo. La casa de los veranos donde tanto tiempo había pasado con sus abuelos, cuando sus padres la dejaban tirada para escapar hacia la costa. La misma casa donde ahora ella había escapado, dejándolo todo atrás, con la idea de acondicionar la vieja casa familiar. Sola.

Sola.

Sara echó las manos al suelo, sintiendo la irregular superficie de las tejas, y comenzó a gatear con inseguridad. La maldita grapadora había tenido que elegir el...

¿Qué era eso?

Un pequeño mundo, un compañero, un todo. Se habían ido de un manotazo y la habían dejado allí sentada. Llorando. Sola.

Una mancha negra, indeterminada, misteriosa, atrapada entre la vieja canalera y el alero este de la casa. Sara frunció el ceño pensando en un pájaro muerto o algo peor. Dudó un segundo, indecisa, y al final gateó hasta allí, preocupada por el inestable suelo sobre el que se movía. ¿Qué solía decir su padre sobre andar sobre el tejado?

Jamás lo dijo. Jamás lo diría. Se guardó el dolor. Su hermano finalmente se derrumbó y le pidió perdón. Le compró algo, pero un algo que no había quedado marcado en la memoria. La idea de que pudiera sustituir a lo perdido resultaba casi insultante para la niña.

El nudo en su garganta al final pasó, mientras Sara observaba lo que muchos años antes había sido su compañero.

"Cuánto tiempo", dijo, sin poder evitar que la sonrisa finalmente asomara a su cara. El pellejo del gatito de peluche miraba hacia el cielo. Eran las cinco de la tarde y amanecía.

Para Anna

Hoy me siento...
Hoy suena a... Eels - Flower



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